PRIMEROS
AÑOS DE PROFESO (Mayo 1920 a Noviembre 1926)
Ese día 6 de mayo de 1920 el personal profeso de la Congregación
de Misioneros del Espíritu Santo se multiplico por 6... Fue
una fiesta inolvidable.
La
pequeñita Congregación contaba en esa fecha solamente
con 4 casas: el Noviciado, el Templo del Espíritu Santo en
Tacubaya, el Escolasticado y la recién nacida Escuela Apostólica,
fundada 6 meses antes en Tlalpan, para asegurar la provisión
continua de vocaciones.
El P. Félix tuvo que organizar su personal; a la Escuela Apostólica
envió dos estudiantes de los recién profesos: Edmundo
Iturbide y Felipe Torres, y al diacono Manuel Hernández. Era
necesario que los tres estudiantes que tenía: Moisés
Lira y los dos recién profesos Ángel Oñate y
José Ma. González, ya cercanos a la Ordenación,
prosiguieran sus estudios eclesiásticos; pero ¿como
y donde?
Bondadosamente el Sr. Obispo Don Leopoldo Ruiz ofreció de nuevo
al P. Félix su Arquidiócesis de Morelia y las aulas
de su Seminario; el P Félix agradeció el ofrecimiento
y confirmó el nombre que ya daba a Morelia: "mi tierra
de promisión". Pero había que realizar una serie
de trámites para esa fundación. Dando tiempo a estos
dejo en el Noviciado, en espera de destino, a los otros nuevos profesos,
entre ellos a Alfonso, quien se siguió dedicando a los servicios
que realizaba como novicio y a aumentar su fervor religioso. Ayudaba
al P. Félix en el economato, compras, etc.
Cuando todo estuvo preparado: contratos, cláusulas, convenios,
etc. el P Félix dio la gran noticia: se fundara la primera
Casa de Misioneros del Espíritu Santo fuera del Distrito Federal,
en Morelia, y allá irán a continuar sus estudios eclesiásticos
los estudiantes Moisés Lira, Ángel Oñate y José
Ma. González; los Hermanos recién profesos Alfonso Pérez
y Benjamín Portugal formaran parte de la Comunidad, y el P.
Constantino Espinosa será el Superior. A su debido tiempo el
R Manuel Hernández completara el personal.
Las crónicas narran la despedida de los 6 fundadores de la
Casa de Morelia, que salieron de la ciudad de México el 26
de octubre de 1920 acompañados del P Félix.
Las mismas crónicas siguen contando las peripecias del viaje
y como la fundación se hizo solo hasta el día 29:
En ese mismo día quedo establecida la exposición perpetua
(diurna). Nuestro Padre distribuyo los cargos a los miembros de la
Comunidad y al Hno. Alfonso lo nombro Procurador y Sacristán.
El estudiante Ángel Oñate recuerda esos primeros días:
Nos hospedamos en el pequeño anexo de la Cruz. Alfonso era
el cocinero y ayudaba en la sacristía en sus horas libres;
no perdía ni un minuto, era activo y sacrificado, comenzó
desde entonces a dar una amplia medida de generosidad.
Las
actividades de nuestro biografiado en la nueva casa fueron dobles:
para la atención del Templo y para los servicios de la Comunidad.
El P José Ma. González nos dice que:
Alfonso
como siempre, dió ejemplo de caridad, amabilidad, servicialidad...
Como Hermano Sacristán y a veces encargado, al mismo tiempo,
de la cocina, de la puerta, etc., etc., todos contábamos con
su abnegación y Espíritu de sacrificio amoroso, como
lo afirma el P. Ángel Oñate: "Nos trataba bien
a los 3 estudiantes de Teología que asistíamos a las
clases del Seminario... nos concedía antojitos. Los jueves,
día de asueto, ya se sabía: pan de Acámbaro,
y a medio día las «corundas», tan ricas, con rajas
de chile verde. Aprendió la cocina michoacana; edificaba a
las almas piadosas de aquella noble ciudad, que muchos años
después aun lo recordaban por su piedad, amabilidad y abnegación
para cumplirles sus gustos: que tal florero, que tales flores, que
esos adornos, etc.
Paso el primer año, y el 6 de mayo de 1921 , en el mismo Templo
de la Cruz, el Hno. Alfonso y sus compañeros de Profesión
renovaron por otro año sus votos religiosos.
En Morelia hubo gran fiesta el 10 de julio de 1921 por la Ordenación
Sacerdotal del P. José Ma. González, quien recuerda:
el Hno. Alfonso "ayudó la Misa de mi Ordenación
y enseguida tuvo que dar el desayuno al Excmo. Sr. Arzobispo que me
ungió sacerdote".
Esta acumulación de cargos se repetía frecuentemente:
continua narrando los hechos el R José Ma. González:
El
día 12 del mismo mes y año ayudó también
la Misa solemne en nuestra Iglesia de La Cruz y enseguida tuvo que
hacer la comida para la Comunidad, etc., etc. Recuerdo además
que era muy fiel a su adoración ante el Santísimo de
día y de noche, y a sus oraciones y meditación con la
Comunidad, y guiaba el rosario vespertino (en el Templo).
Con
alguna frecuencia tenía que invitar a sacerdotes de fuera de
casa a que celebraran Misas en nuestra iglesia (porque no había
Padres suficientes) cuando por las fiestas se pedían varias
Misas durante casi toda la mañana; en esos casos atendía
a los Padres como sacristán que era, y después de las
Misas, les servía el desayuno... Todos se manifestaban encantados
con la amabilidad del Hno. Alfonso Ma. De la Santísima Trinidad.
Los
fieles de Morelia estaban también muy a gusto con el Hno. Alfonso
por lo servicial y atento. Ma. Aurora del Espíritu Santo Iriarte
recuerda la doctrina
que él impartía a los niños y el consejo que
les daba de que cuando se fueran a acostar hicieran la señal
de la cruz.
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