CAPITULO VII

Hno. Alfonso Pérez Larios - Biografía
Pagina Principal


Otro oficio que desempeño fue el de cocinero. El P. Félix suplico a la Sra. Maria Sainz de García que enseñara a los Hermanos Coadjutores a guisar algunos platillos sencillos para hacer Ia comida de la. Comunidad. La Madre Ma. de la, Luz García Sainz, R.C.S.C.J. en 1985 recordaba estos aprendizajes que el Hno. Alfonso hacia en casa de su mama:

Cuando llegaba del colegio me hacia impresión verlos tan afanosos y alegres en la cocina. Era opinión de la familia y hasta de la cocinera, que ya era mayor y de carácter fuerte, que el Hno. Alfonso siempre se mostraba amable, servicial y sacrificado. Todo le gustaba y si algo no quedaba bien, sabia disculpar. Comprendiendo que a los otros dos Hermanos les costaba o daba vergüenza llevar por la calle el platillo, el se ofrecía siempre con sencillez. Con todo esto se gano estimación y simpatía, pues con su bondad irradiaba a Dios.

El P Ángel Oñate nos dice:

Igualmente en la cocina sus primeros ensayos fueron difíciles... Cuando comenzó a hacer el pan para la comunidad y lo cocía en la estufa... sobre la plancha: a veces quedaba muy duro, se quemaba por fuera y estaba crudo por dentro. Usaba «Royal» para que esponjara. Los empachos eran frecuentes.
Un tiempo después llamo Nuestro Padre a un cocinero español para que enseñara a los Hermanos; pero este se aprovechaba de los momentos en que los Hermanos estaban fuera de la cocina para hacer sus combinaciones y mezclas, y así tenían que adivinar. Ya después el Hno. Alfonso aprendió a hacer una comida bastante aceptable, religiosa, pobre, pero sustanciosa y sabrosa. Recuerdo que anos mas tarde, cuando el P. Javier Calderón regreso a Mexico después de sus estudios en Roma, escribió de camino quejándose de que los alimentos no eran tan sabrosos, pues los de casa 'estaban hechos por manos de Hermanos'.
Otro oficio que desempeñó fue el de peluquero: Recuerdo que se tardaba mucho en sus ensayos para recortar el pelo a los novicios, pues jamás había tocado una maquina de pelar, ni unas tijeras para ese uso, sino solo las tijeras que en los almacenes de ropa usan los empleados para comenzar a cortar la tela según los metros que les compran y luego le dan a mano el tirón. Cortaba un poco de pelo, se retiraba y vela la obra desde lejos, volvía a cortar otro poco, movía la cabeza, emparejaba... eran los principios.

EL R Vicente Méndez nos narra:

El P Félix, previendo las futuras actividades del Hermano Coadjutor, en las que ayudaría al Sacerdote, no solamente en los menesteres de su vida humana, sino en forma especial en lo relativo a su ministerio, insistió en que el Hno. Alfonso ejerciera el cargo de sacristán durante su Noviciado: aprendió a preparar los vasos sagrados y los utensilios necesarios para la Misa y para la Liturgia; recibía alabanzas del P Félix cuando los floreros le quedaban bien arreglados. Alfonso por su parte, procuraba que las velas de la exposición del Santísimo estuvieran siempre bien presentadas y que todo estuviera a tiempo, pues el P Félix quería que en la cuestión del culto todo se hiciera bien y puntualmente.
Los recreos de la Comunidad, después de haber observado rigurosamente e! silencio, siempre eran alegres y todos tomaban parte en ellos. El Hermano Alfonso no era muy platicador ni callado iy vaya si tenia de que platicar por haber entrado ya grande! Se contentaba con pocas palabras y, eso si, para todos tenia una sonrisa amable. Nunca manifestó disgusto con los postulantes poco hábiles e ingeniosos, que le señalaron para ayudarle en la cocina y despensa.
Así pasaron los dos años de Noviciado, y el fervoroso grupo esperaba lleno de entusiasmo la Profesión para el 25 de diciembre de 1919. No se realizaron sus ilusiones por las razones que veremos.

El P Ángel Oñate nos las narra:

Faltaban 6 días para profesar, "el 19 de diciembre de 1919 salía Nuestro Padre para Europa, llamado con urgencia por la familia Greville. No me alcanzo aun a dar cuenta por que no pudimos profesar, ya que faltaban pocos días del segundo ano, y la Congregación era de derecho diocesano. Fue una prueba dura, que se superó, no obstante, con facilidad; y esperamos tranquilamente el regreso de Nuestro Padre hasta el año siguiente, y nuestra profesión fue el 6 de mayo de 1920.
Lo que en realidad sucedió fue que el Rvmo. Padre Superior General de la Sociedad de Maria, con su Consejo, el 25 y 27 de noviembre de 1919 envió dos cablegramas urgentes al P Félix dándole la orden de viajar cuanto antes a Europa para « exclusivamente» atender un grave asunto de la familia Greville y regresar enseguida a México. Después de arreglado este asunto, cuando el P Félix pudo fijar definitivamente la fecha de su regreso a Mexico, escribió varias cartas. A Alfonso le escribía desde Paris el 17 de marzo dándole instrucciones en el aspecto económico, ya que era el encargado del dinero:
"Considero sus trabajos y preocupaciones. Si le falta dinero pida a la señora que puede prestar lo que necesite. Yo lo cubriré al llegar. Cuídelos mucho a todos, muy especialmente a los enfermos y a los niños. Ud. cuídese también hasta ser muy robusto. Dentro de 3 días me embarco, el 20.
También existe una tarjeta postal para Alfonso, que no tiene fecha, pero que es de la época:

Hijo mío muy amado en Jesús, ya se aproxima el fin del largo destierro, y cuando sus ojos recorran estas líneas estaré bien cerca de Veracruz, y próximo a abrazar a mis hijos, y muy especialmente a mi querido hermano Alfonso.

Pocos días después de llegar a Mexico se hizo la ceremonia de Profesión que presidio el P Félix Rougier, lleno de alegría y entusiasmo.
Con esto termina el capitulo de aprendizajes del Hno. Alfonso en el Noviciado; se dice que "lo que bien se aprende nunca se olvida" y este es precisamente el caso de Alfonso: en el Noviciado aprendió a ser Santo, y eso nunca lo olvido. No me consta que no se le haya olvidado cortar el pelo; en cambio me consta que sus alimentos los preparaba sabrosos, abundantes, llenos de caridad; me consta también que hasta el fin de su vida se dedico como abnegado sacristán a preparar todo lo necesario y también me consta que sabía regatear, y sabía ser generoso.

 

regresar
continuar

 

 

| | | |
| | |