CAPITULO VI

Hno. Alfonso Pérez Larios - Biografía
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A distintas personas el R Félix les escribía:

Aquella pequeña casa del Espíritu Santo estaba que ardía, que no necesitaba empujar sino mas bien detener, frenar. Creo que gracias a la bondad de Nuestro Señor y después de cuatro años de constante trabajo, la obra esta definitivamente en marcha. Los días que tengo son tan buenos como yo los quisiera, y para decir la verdad, no los cambiaria por vocaciones francesas (...). Esta casa es un pequeño cielo y el ideal de la vida monástica: trabajo, oración, recogimiento, modestia, caridad, amabilidad, obediencia perfecta, meditación de día y de noche, puntuales al primer toque de la campana. Nada falta.

Alfonso se dedico en el Noviciado a aprender y fue buen discípulo; también enseñó lo que el sabia: a hacer compras, a regatear en la plaza, a buscar lo mejor y al menor precio. En primer lugar aprendió lo que era su vida religiosa: una observancia perfecta a lo que iba indicando el P Félix. El P José Maria González, compañero de grupo, dice:

Durante el Noviciado fue ejemplar en el cumplimiento de todos los cargos y oficios que le encomendaron, siempre servicial, caritativo, verdaderamente tomo el querido color que tanto nos recomendaba nuestro venerado Padre Maestro y Fundador; y todo esto sin dejar de dar ejemplo en la obediencia y regularidad.

El ideal de santidad que había movido a Alfonso para dejar en León su tienda, sus amigos, sus hermanos y las propiedades que le ofrecían sus tíos, lo encontró en el P Félix, el MAESTRO ESPIRITUAL que necesitaba. A el le abrió su corazón y siguió dócilmente sus indicaciones. Merece un capitulo especial el estudio de como emprendió con toda generosidad durante este tiempo de noviciado -y después sin interrupción, con constancia admirable, hasta los últimos días de su vida- el camino de la perfección. Bástenos aquí decir como lucho denodadamente por obtener primero la humildad, después el espíritu de sacrificio, la asiduidad a la oración de día y de noche, y sobre todo la caridad fraterna que se convirtió en el en bondad y servicialidad jamás desmentida. Así se puede comprender con exactitud lo que fue el Noviciado del Hno. Alfonso Pérez.

Veamos ahora algunos de sus otros aprendizajes:

Proveedor de la Comunidad: aprovechando sus aptitudes, el P Félix le dio el cargo de ir a traer todo lo que hacia falta.

Sabía muy bien tratar las mercancías alimenticias, regatear y conseguir precios bajos, y se preocupaba de comprar cosas útiles, si, en buen estado, pero no de la mejor calidad, por espíritu de pobreza. Como había sido comerciante, sabia muy bien todas esas cosas y tenia la experiencia que nadie podía tener en la Comunidad. Iba a la «Merced» (mercado de la ciudad de Mexico) a comprar al por mayor, y lo acompañaba para cargar Don Ricardito, un mozo viejo y barbado, buena gente, que tenia Nuestro Padre cuando llegamos al Noviciado y volvían tarde sin haber comido nada. Tenia dos cocineras: Dolores y Micaela (esta ultima entro mas tarde con las «Verónicas de la Santa Faz», de la Srita. Ma. Luisa Dauverre.

 

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