CAPITULO
III
VOCACION RELIGIOSA
Como acabamos de ver, Alfonso distribuía su vida entre el trabajo,
la piedad, y la atención a sus deberes familiares; su vida
era ordenada y muy digna de encomio, pero no alcanzaba a llenar el
ideal que Alfonso había forjado en su corazón: iSOÑABA
CON LA VOCACION!... Pero la única posible vocación que
se presentaba ante sus ojos, pues era lo que vela a su alrededor,
era la vocación sacerdotal; y se preguntaba a si mismo: "
“¿Pero será esto posible?" El vela que los
muchachos que entraban al Seminario eran muy jóvenes, y el
tenía ya 31 años.
La
respuesta a sus intimas inquietudes, que nadie conocía sino
solo Dios, la dio la inesperada visita de un santo, el R Félix
Rougier, que había emprendido una gira vocacional por Morelia,
Mich. y León, Gto. en busca de candidatos para su incipiente
Congregación de Misioneros del Espíritu Santo. Aprovechaba
la benévola invitación que le había hecho Mons.
Leopoldo Ruiz, al abrirle las puertas de su Seminario de Morelia para
que eligiera a quienes quisiera, y la no menos generosa invitación
de Mons. Don Emeterio Valverde Téllez, Obispo de León.
Llegó, pues, el P Félix a la ciudad de León,
después de haber visitado Morelia, el 10 de agosto de 1917,
Dios suscito la vocación de Misioneros del Espíritu
Santo en León mediante esta visita del P. Félix, en
algunos excelentes miembros de la Cofradía de Pachito Zúñiga:
Alfonso Pérez Larios, nuestro biografiado, y Regino Oñate.
Dejemos a este ultimo que nos narre como fueron los acontecimientos:
Seguíamos
nuestra vida tranquilamente, muy contentos con nuestra Cofradía,
cuando un día nos dice Pachito: Niños (así nos
llamaba) esta para venir a León el Padre Félix que dicen
que es un santito. Las Madres de la Cruz me han encargado que lo reciba
en la estación. Viene a buscar vocaciones para la Congregación
que esta fundando: los Misioneros del Espíritu Santo.
Nos hablo Nuestro Padre en la capilla. de las Hermanas de la Cruz.
Nos sentamos en el suelo, pues algunas veces así lo quería
Pachito para enseñarnos la humildad y la sencillez. Nuestro
Padre nos vela con extrañeza. Nos dijo que buscaba vocaciones,
que Mons. Valverde lo había autorizado y le daba manos libres
para ello, y que vería con gusto el prelado que algunos jóvenes
ingresaran a esta nueva Congregación. Nos hablo de las ventajas
de la vida religiosa para salvarse y santificarse, de que en la nueva
Congregación habría casas amplias y limpias y de que
la alimentación seria «sana y abundante»... Eran
aun anos de escasez en Mexico, después de la Revolución.
Previendo que de esa Cofradía (la de Pachito) sacaría
hermanos Coadjutores, pues de seminaristas solo yo asistí,
hablo de que los hermanos tendrían trabajos muy interesantes:
aparte de las labores domesticas, granjas, imprentas, y ayudarían
a los Padres en el apostolado.
Alfonso fue uno de los primeros en hablar ampliamente con Nuestro
Padre y le siguió Rosendo Portugal, de 15 años, de familia
distinguida. Nuestro Padre llamo pronto a Rosendo a Tlalpan. Alfonso
fue de los primeros o el primer admitido. Dejaría su familia,
su tienda de ropa en el «Barrio arriba» y todas las esperanzas
humanas, para dedicarse a una vida de trabajo, abnegación y
unión con Dios.
El R Félix regreso a Mexico porque allí tenía
compromisos, pero continuó en diálogo con los candidatos
que había encontrado en León, a través de sus
cartas: a Rosendo, como ya dijimos, pronto lo llamo a Tlalpan; a Regino
y a Alfonso les fijo una fecha en el mes de diciembre para que se
presentaran en el Noviciado de «La Fama», casa-huerta
que había conseguido el R Félix para el Noviciado.
Fue entonces cuando Alfonso comunico a sus familiares y amigos la
decisión que había tornado; decisión bien pensada,
pero que a los ojos de los demás parecía extraña:
-¿A
que lugar vas? ¿Te dejara salir tu hermana y tus hermanos?
Le decían sus amigos.
-¡Como no! Mi hermana esta contentísima con mi decisión.
-Pero si solo hace unos días que has determinado
tu partida... ¿Que no haces aprecio a los caballos, a los
animales, a los terrenos que te ofrecen tus tíos? Alfonso les
contestaba: - Nada puede detenerme ya.
Ante los
reclamos de su hermana Lupe, Alfonso le hacía estos comentarios:
-Si,
hermanita, estoy muy contento viviendo con ustedes, pero me voy a
Tlalpan. Allí todo se me hará fácil, aquí
solo pienso en ¿que ser?... y quieras o no, solo me ocupo de
negocios. He intentado permanecer algún tiempo entre los obreros,
complacer a los clientes, y sinceramente te digo que ese ambiente
no es el mío. Los negocios no me impacientan ni me aburren;
ya mi hermano me ha dado la firma comercial y ha querido hacerme su
socio, y aun mas, tengo mi trabajo en «La Primavera»,
¿qué más puedo desear? Pero no es ese mi lugar.
La decisión de Alfonso es seria, prepara su maletín
de viaje, lo cierra con llave, ya esta listo para salir.
Era tal el cariño de la hermana que insistió en manifestar
su pena porque los iba a dejar.
-No seas tonta, ya sabes que los quiero a todos y a ti muchísimo.
Te prometo no olvidarte te escribiré con frecuencia.
Volvamos a oír la narración de este viaje que nos hace
Regino Oñate:
Alfonso
tenia pocos estudios, tal vez la primaria. Siguió a Dios y
a nuestro Padre y tenia una cierta esperanza de poder llegar al sacerdocio;
así me lo manifestó en una ocasión:
-'Yo me voy como Hermano, pero creo que poco a poco podré ir
estudiando algo hasta llegar al sacerdocio', me dijo.
No conocía aun las Constituciones y todos los requisitos para
ser sacerdote en la Congregación.
Recuerdo que Cuca su hermana le hizo un bonete que... no quedo tan
perfecto por falta de practica.
Alfonso
to llevaba en su equipaje al noviciado de La Fama, (así se
llamaba la calle donde estaba el Noviciado). Cuando se dio cuenta
que aquel ideal sacerdotal no era asequible para el, renuncio generosamente
y para siempre, para entregarse, como se entrego, a su vida de humildad,
abnegación y caridad como Hermano. Tenia inteligencia natural
y simpatía, con cierta facilidad para las cosas practicas,
pero no estaba preparado para los estudios y ya era demasiado tarde
para comenzar.
En su casa Alfonso usaba buenos trajes, cuellos duros, bien almidonados,
de picos, y buen calzado. Se presentaba muy bien, usaba un bigote
muy grande, a la usanza de aquel tiempo, negro como azabache: era
el adorno natural de todo hombre que se estimaba. Recuerdo muy bien
el esfuerzo que hizo, después de algún tiempo de Noviciado,
para cortárselo y rasurárselo. Se notaba que le había
costado.
Determine Nuestro Padre que el 10 de diciembre de 1917 saliéramos
de León. Salimos juntos Alfonso y yo en el tren que pasaba
a las 2 de la mañana. Lo despidieron sus familiares en la estación.
Nos acompañaron hasta Irapuato Pachito y Leonardo Pérez,
y algunos otros miembros de la Cofradía. Hacia mucho frió;
Leonardo me regale una bufanda y unos guantes.
De Irapuato seguimos solos hasta Querétaro, en donde subió
(al tren) el subdiácono Don Manuel Hernández, del seminario
de Morelia; lo despidieron en el anden sus familiares. Nos reconoció
por la marca con hilo rojo del calcetín negro de Alfonso, que
estaba sentado en el asiento del pasillo y tenia la pierna cruzada.
El calcetín tenia una crucecita y el numero 11, que era el
que le había asignado Nuestro Padre a Alfonso; por eso Manuel
Hernández saco su lista de ropa en papel azul con letra roja,
igual a la que nosotros teníamos. Así nos reconocimos
y llegamos juntos a Mexico a eso de las 2 o 3 de la tarde.
Nos
esperaban en la estación el P. Domingo Martínez y el
Hno. Rosendo Portugal. El P Domingo nos pareció muy educado,
muy aseado en su gran pobreza, y de lenguaje muy atildado... capitalino,
con una palabra, ante nosotros, pobres «payos» , que llegábamos
«del interior».
Subimos a una «calandria», o cochecito de caballos, que
nos llevo de la estación al `zócalo', en donde esperamos
el «eléctrico» para ir a Tlalpan. Salía
cada 55 minutos y luego, después de «Hospicio»,
recorría inmensos campos desiertos y praderas, y llegaba a
una que otra estacioncilla con alguna casa: Churubusco (¡ Que
recuerdos para un aficionado a la historia patria como era yo!), Taxqueña,
Zacahuisco, Coapa, Huipulco... Recorría Alfonso por primera
vez aquel camino que recorrería centenares de veces como abnegado
cocinero, despensero y proveedor de la comunidad de La Fama.