Septiembre 2007
| Hno.
Alfonso Pérez Larios - Biografía |
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Seguramente el P. José Guzmán hablo en esa ocasión
con el R Luis Cervantes, el hecho es que a los cuantos días
lo llevaron al Noviciado; pensaron que estaría mejor en el
Hospital Francés, en donde los doctores comprobaron la gravedad
del caso. La saludo atentamente... quiero avisarle que hemos tenido a nuestro
querido Hermano Alfonso muy delicado de salud. Lo hemos internado
en el Sanatorio Francés para que le hagan un reconocimiento
muy minucioso, con radiografías y análisis de laboratorio. Durante su estancia en el Sanatorio Francés, los Hermanos Coadjutores de la Congregación residentes en México tomaron espontáneamente la obligación de atenderlo en el hospital, e iban a velarlo día y noche. El Hermano Hermenegildo escribe: Tuvieron que hacerle curaciones dolorosísimas en sus pies
gangrenados, tallándoselos con un duro cepiIlo. Su rostro se
contraía por el dolor, y de sus labios solo se escapaba un
largo isss! Después comentaba: '¡Que terrible momento!'
-'Usted tiene, le aseguro, pies de misionero, de crucificado.' El
se sonrió. Yo le insistí: '¿Verdad que si?' Movió
entonces la cabeza en señal de asentimiento y respondió
en voz muy suave: 'Si...' También le dije: 'Mis pies los quiero
así, como los suyos' -'iPues ándele!'...' Me contesto. Fue a visitarlo el Padre Superior. Alguien le dijo: 'Hermano Alfonso, aquí esta el Padre Luis (su Superior), y quiere saludarlo.' Hizo un gran esfuerzo y pidió que el Padre le acercase la mano para besársela, lo hizo con tal fe, caridad y delicadeza, que fue motivo de admiración para todos; en su delicado estado de salud no era imaginable que hiciera tal cosa... En los últimos días de su enfermedad se sentía muy decaído, le visitaban con frecuencia los Padres y Hermanos. Un día llego el Rvmo. R Superior General (P Jesús Ma. Padilla), y Ie dijo: 'Ofrezca todo eso por los Sacerdotes... por la Congregación...' Y con un gesto de asentimiento e inclinando la cabeza decía que si. El sábado 6 de febrero, el Hno. Rafael Rodríguez lo
fue a velar. Como a las 10:00 p.m. comenzó la última
gravedad: el Hno. Rodríguez inmediatamente aviso a San Felipe
(donde vivía el Padre General), y trato de avisar al Pedregal
(residencia local del Hermano Alfonso), pero no pudo porque el teléfono
no funcionaba. Al llegar al panteón, los que hicieron todo fueron los Hermanos Coadjutores: ellos llevaron la caja, en el camino los numerosos sacerdotes, estudiantes y coadjutores rezaron el Te Deum y tres veces el Magnificat, pero a la cripta solo entraron los Hermanos Coadjutores y los Superiores Mayores. Alguien desde fuera comenzó a cantar 'Oasis Dichoso', como un himno de triunfo. Al día siguiente, 7 de febrero, el P. Superior General, Jesús Ma. Padilla, de su puño y letra escribió una carta que repitió varias veces para enviarla a cada una de las residencias. Transcribimos la que envió al templo de San Felipe: 7 Feb. 1965. A los PP. y HH. de San Felipe: acabamos de regresar
del panteón... de enterrar al Hermano Alfonso... El 9 de febrero el P Luis Cervantes escribió a la hermana de Alfonso dándole la noticia: Desde luego falleció con todos los auxilios cristianos y con
una entrega total a la Voluntad de Dios y con una edificante generosidad,
ofreciendo sus sufrimientos a Nuestro Señor con grande paciencia,
humildad y alegría.
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