CAPITULO XIX

Hno. Alfonso Pérez Larios - Biografía
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Alfonso nunca pidio expresamente a N.R Félix ayuda económica para sus hermanas, pues bien conocía su generosidad, su delicada caridad: bastaba que le manifestara la necesidad, que le pidiera sus oraciones y el sabía que no necesitaba decirle mas...

El R Félix le escribía en mayo de 1934: "Contesto su buena carta del 6 de mayo en la que me cuenta las penas de sus hermanas. Ya lo había sabido y les ayude con un modico auxilio. El 3 de julio de 1934, le escribe: "Sus dos hermanos y sus dos hermanas estan muy bien de salud. Han sufrido algo de la crisis general de la cual se queja toda la gente. Lo supe indirectamente y me apresure a enviarles algo para ayudarles, pues los considero como formando parte de nuestra familia. Sus dos hermanos, que son los que gobiernan la casa me escribieron luego muy amablemente". La ayuda que en esa ocasión les dio el P Félix el 25 de junio de 1934, fue de $100.00, que como ya antes expusimos, era mucho en aquel tiempo y "Fue para que pudieran cambiarse de casa". Asi lo dice una de las pocas cartas que se conservan de Guadalupe a su hermano Alfonso.

La última pena familiar que tuvo el Hermano Alfonso, estando todavía en Roma, fue la muerte de su hermana M. del Refugio. Cuando el P Félix se entero, se apresuro a escribirle a Alfonso para darle el pesame:
México, martes 14 de agosto de 1934.- Hijo mio muy amado en Nuestro Señor: Cuando Ud. me hablo de su hermana Ma. del Refugio, enferma, su corazón le aviso que ya había muerto, y no lo engaño, pues paso a mejor vida el 27 de junio. Hoy escribo a Ma. Guadalupe y a sus hermanos para darles el pesame. (Se cambiaron, ahora viven: Motolinia 21 Sur, Leon, Gto.). Le doy también el mas sentido pesame, y cada día, en la Santa Misa voy a tener una intencion por Ma. del Refugio.
Una vez de vuelta a México, el Hermano fue enviado por los Superiores a la Casa de Celaya, bastante cerca de León, por lo que su hermana Guadalupe pudo tener el consuelo de recibir varias visitas de su hermano; ciertamente no había entonces los medios de transporte de los que hoy gozamos: y para ir y volver el mismo día de Celaya a León, se Ilevaba prácticamente toda la jornada; pero Alfonso, con el permiso de sus Superiores, fielmente cumplió este deber fraternal con relativa frecuencia.

En su correspondencia con el P Félix le informaba frecuentemente sobre su hermana Guadalupe, la pena que sentía por la situación económica en que se encontraba, la gratitud por las ayudas económicas que recibía, y por los permisos que le daban sus Superiores para visitarla y darle alguna ayuda. El R Félix, por su parte, le escribía a Alfonso palabras de consuelo y lo confortaba. "Dígale que la encomiendo a Dios y deme Ud. su dirección para que le pueda yo mandar algo cada mes directamente, para evitar retardos y a Ud. la pena de tomar un giro" (sic)."

Después de la muerte del P Félix el 10 de enero de 1938, la conducta de los Superiores Generales y Locales respecto a la situación de la familia Pérez Larios, tuvo las mismas delicadezas que las que había tenido el Fundador: le ayudaban económicamente y permitian al Hermano lo mismo; cuando lo cambiaban de Casa le daban los permisos convenientes para visitar a su familia y estar con ella.

Queda aun por mencionar un singular detalle de las relaciones de Alfonso con sus familiares: en la Diocesis de León fue instruido el Proceso de Beatificación sobre el martirio del S.D. Leonardo Pérez. En 1953, el P Jose Alvarez Lazo, C.FM., Postulador de la Causa, invito a declarar en el Proceso como testigos a los tres hermanos sobrevivientes del Siervo de Dios: nuestro Hno. Alfonso, Manuel y Guadalupe. A su debido tiempo les envio los « Articulos» del Proceso para instrucción de los testigos, como estaba mandado hacerlo. Fueron Ilamados para declarar ante el Tribunal constituido en la Diócesis de León, primero
Guadalupe y en seguida Manuel; a Alfonso lo citaron para que se presentara el 6 de septiembre de 1957, por lo que tuvo que viajar desde Durango para su testimonio; esta fue la última ocasión en que Alfonso habló personalmente con su hermana Guadalupe; sin embargo, su correspondencia epistolar con ella continuo hasta el fin. Después de la muerte de Alfonso los Superiores continuaron enviando la ayuda económica a Guadalupe.

Este aspecto, tan interesante, nos presenta al Hno. Alfonso enmarcado con sencilléz y realismo en sus relaciones familiares y humanas, nos refleja como supo sobrenaturalizarlas con rectitud y fidelidad a su vocacion religiosa y como encontro en la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo la comprensión y la ayuda que necesitaban sus familiares.

 

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