CAPITULO XII

Hno. Alfonso Pérez Larios - Biografía
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NUEVE AÑOS EN DIVERSAS RESIDENCIAS

Durante los 8 años que el Hno. Alfonso estuvo en Roma, de 1926 a 1934, sucedieron en México cosas trascendentales que cambiaron el aspecto civil-religioso de la Republica y que influyeron en la vida de la naciente Congregación de Misioneros del Espíritu Santo. Ahora, a su regreso de Roma, Alfonso vela cosas muy distintas de las que había visto antes: la Patria se había santificado con la sangre de los mártires, la Iglesia había vivido días de catacumbas, la Congregación había sido despojada de sus propiedades, al R Félix lo buscaban «nominalmente» para sacarlo del país, por lo que había tenido que vivir en distintos escondites...
Al llegar Alfonso a México, el Escolasticado de los M.Sp.S. estaba en una pequeña casa situada en Hidalgo #6, Tlalpan, D.F, y allí llego el Hermano en diciembre de 1934 para comenzar el año escolar 1935. Durante ese nuevo año Nuestro Padre Félix consiguió la casa de Morelos 2, Tlalpan, para el Escolasticado.

A pesar de la persecución religiosa, la Congregación habla crecido notablemente y el Hno. Jesús Sandoval, M.Sp.S. nos cuenta sus impresiones de ese tiempo acerca del Hno. Alfonso:


Me toco vivir con él en 1935, en la Casa de Estudios, que entonces funcionaba en Tlalpan; había poco que había regresado de Roma, y lo pusieron allí en la cocina; siempre lo veía muy trabajador y de buen humor; sus ratos libres los pasaba en la capilla. Me hablaba de que en nuestra Congregación se trata muy bien a los hermanos coadjutores, no siendo lo mismo en otros Institutos que él conoció en Roma. Le parecía que nos hacían demasiada confianza los Superiores, y que no siempre sabíamos corresponder a ella.


Alfonso permaneció en Tlalpan, en el Escolasticado, durante ese año, y el 25 de diciembre de 1935 el P Félix le dio su carta de cambio, ahora al Noviciado, que estaba ubicado en Patriotismo 96, Tacubaya, D.F, en una casa adaptada:


Lo nombro a Ud. en este hermoso día para la Casa del Noviciado, donde lo espera, mañana o pasado el Reverendo Padre Maestro, Benedicto Plasencia.
Su trabajo principal va a ser ayudar a la Formación de los hermanos coadjutores, como se lo explicara el R.P Plasencia.
Que Nuestro Señor lo ayude en ese hermoso apostolado!


Este nombramiento nos muestra el gran aprecio que el R Félix tenía por el Hno. Alfonso al nombrarlo colaborador del Maestro de Novicios para formar a los hermanos coadjutores.
Los vicios se fijan en todo, y observaron todos los detalles y el modo de ser del Hno. Alfonso, que venia con fama de santo, según lo que decían los Padres que regresaban de Roma: su piedad, su amor al trabajo, su observancia religiosa.
El P. Pablo Vera, entonces novicio, recuerda muchos datos de él:


Recuerdo su abnegación y caridad en servir a sus hermanos y el modo apacible con el cual realizaba su trabajo. Siempre vi al Hno. Alfonso dedicado a su trabajo, con una actividad continua, pero sosegada. No recuerdo haberlo visto impaciente ni actuar con precipitación. Sin embargo, todo lo tenía a tiempo para que la Comunidad pudiera seguir puntualmente su horario.
En materia de caridad era famoso por disculpar a todo el mundo. Siempre encontraba una salida, a la vez ingeniosa, para atenuar alguna observación critica que escuchaba, y eso dicho de tal modo que no lastimaba al que se mostraba severo en sus apreciaciones.
Vi al Hermano que estaba haciendo algo en la ventana abierta. Me acerque para ver si se le ofrecía algo y encontré que estaba dando unas migas de pan a un alacrán. Todos los días le daba alimento a esa bestezuela de Dios. iPobrecito!, me dijo, tiene hambre. Yo me quede con ese sabor de florecilla franciscana y me edifico la sencillez y la caridad del Hermano.
En cuanto a su oración, era muy fiel en cumplir los tiempos señalados de nuestras Constituciones. Su actitud era recogida, pero marcada siempre por ese sello de sencillez que era habitual en su persona.
Se interesaba por las conversaciones, respondía amablemente a las preguntas que se le hacían, pero era parco en el hablar.
Con los Superiores, muy respetuoso y obediente (...).
30 años después de que lo conocí seguía con el mismo Espíritu de sencillez, de humildad y caridad. Su vida seguía por los mismos cauces sin desmentirse de las virtudes que lo caracterizaron: humildad, sencillez, caridad, laboriosidad, obediencia, Espíritu de fe y fidelidad a la oración.

El Hermano duró poco tiempo allí, cumpliendo su misión de formador, sobre todo mediante el ejemplo. Solo estuvo medio año, pues enseguida fue destinado por Nuestro Padre para la fundación de Celaya.
Un buen día, a fines de mayo, estaba el Hno. Alfonso en el Noviciado cuando recibió carta del P Félix fechada el 26 de mayo de 1936: se fue a la capilla y allí abrió el sobre y leyó lo que sigue:


NOMBRAMIENTO. Lo saludo muy afectuosamente y le aviso que lo he nombrado para que vaya a trabajar en la Nueva Casa que se va a fundar en Celaya, bajo las ordenes de su nuevo Superior el R.P. Domingo Martínez.
LA que va? A ayudar en todo lo que pueda, sin duda, pero, sobre todo, a hacerse santo, que para eso Dios, Nuestro Señor lo llamo a esta hermosa vocación de Misionero del Espíritu Santo.
iQue Nuestro Señor lo haga santo y feliz! iQue lo haga ganar muchas almas!

Yo no se cuales son los religiosos que en una residencia como San Felipe o La Cruz en Morelia, ganan a Dios mas almas... Creo que no depende esto del ministerio sino del amor con el cual cada religioso cumple con sus cargos.
Póngase enteramente entre los brazos y en el corazón de la Santísima Virgen, nuestra amantísima Madre.


Estas palabras del P Félix indicaban al Hno. Alfonso el plan de su nuevo trabajo y de la vida espiritual que debía seguir en esa residencia: ayudar en todo... ganar a Dios mas almas, pero mas que por el ministerio "por el amor con el cual debía cumplir sus cargos". Iba a 'hacerse santo'... Estas palabras tienen valor incalculable... Si, a eso fue el Hno. Alfonso y lo logro. Su recuerdo perdura en aquella casa. Paso, como Cristo, haciendo el bien; la fundación se hizo
en mayo de 1936.
Fue notable el fruto espiritual obtenido en la Casa de Celaya por la adoración ante el Santísimo, la puntualidad y el esplendor de la Liturgia, por la amabilidad de todos, lo que atrajo excelentes vocaciones para la Congregación. Uno de los que entraron en ese tiempo nos dice: "Lo conocí (al Hermano) por los años 1937, 1938, y desde entonces su imagen de bondad no se me ha borrado”.
El Hno. Jesús Sandoval fue compañero del Hermano en sus trabajos en la Casa de Celaya:


Casi cerca de un año estuvimos los dos encargados de preparar los alimentos a esa Comunidad. Siempre me edifico su proceder y buen ejemplo, siempre se mostraba sonriente y servicial con todos. Sabia disimular sus defectos.
De donde conservo mas recuerdos de el, es de Celaya, habiendo estado juntos por lo menos un año, en 1938. El estaba en la cocina y yo en la sacristía, pero constantemente me iba a ayudar, y a pedir las limosnas o bien a barrer la iglesia de la Merced. Aunque tenía que preparar la comida para la Comunidad, se daba tiempo para todo y siempre lo hacia de muy buen humor y con tanto interés, como si a él le hubiera tocado dicho trabajo.
En la iglesia teníamos adoración nocturna como unas 10 noches por mes, y al día siguiente había Misa a las 5:00 a.m., para que pudieran regresar los adoradores a sus rancherías, pues muchos iban a sitios distantes a la ciudad. Siempre el Hno. Alfonso se ofrecía a ayudar dicha Misa, pues me decía con gracejo que yo estaba muy «telenquillo» y necesitaba dormir mas, y que en cambio el estaba ya viejo y no le hacia falta tanto sueno. (tenía solo 50 años)
Con frecuencia hacíamos paseos largos, de todo el día, a las ciudades cercanas, como Querétaro, Apaseo, Salvatierra, Salamanca, Abasolo, El Jaral, etc., etc., y el P Dominguito (otro santito), quería que nos turnáramos los 2 Hermanos para dichos paseos, pero él se ingeniaba para que a mi siempre me tocara y el se quedaba cuidando la casa y la iglesia; también me decía que yo necesitaba mas de dichos esparcimientos.
El estaba encargado, además de la cocina, de salir a pedir ayudas a los bienhechores, y en las tardes se le veía por las calles de Celaya, entrando a varias casas, con dicho fin.


Una vez, mientras recogía la limosna dentro de la Iglesia, reconoció el rostro de uno de los feligreses, el de José Martín, su compañero de aventuras durante la infancia y primera juventud en «La Chona» . Le hizo senas para poderlo ver después de la Misa. "Pero, Vale Poncho, si eres el mismo disfrazado de fraile." Desde entonces el Hno. Alfonso iba con frecuencia a la casa de José Martín, el futuro papa del R Bernardo Martín, M.Sp.S.
En una de esas visitas le comento a su amigo la falta de recursos económicos de la Comunidad de Misioneros del Espíritu Santo, y le dijo que en esos momentos no tenía ni para comer; y agrego "pero ya verás, José, como Dios nos va a mandar lo que necesitamos". Y comenta Consuelo Martín, hija de Don José, que era entonces una niña: "Y así fue.”
El Hno. Jesús Sandoval completa así sus recuerdos:


Era muy querido por la Comunidad de Celaya y por las personas con quienes trataba, a quienes o[ expresarse muy bien de el, teniéndolo como un «santo». A los animalitos también los quería mucho y no quería que se les molestara. Una anécdota que él mismo me contó: estaba triste porque por la noche se había introducido un alacrán bajo su colchoneta, y que le encontró aplastado por la mañana, al tender su cama; 'pobre animalito' -decía- ¿para que fue a ponerse debajo de mi?...
De habitación escogió un rincón oscuro debajo de la escalera que subía al coro, en la iglesia de La Merced, en Celaya; puso su cortina de manta, y allí armo su catre de tablas con una simple colchoneta.
Sus vestidos eran pobres, de dril, eso si muy limpios, pero no le conocí traje de casimir, aunque todos los demás teníamos.

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