Desembarcaron en
Santander, pasaron la frontera y visitaron Lourdes e inmediatamente
tomaron el tren que los condujo hasta Roma.
Los primeros días en Roma fueron de grande entusiasmo para
todos, pero después iba a comenzar la vida real de esa Casa:
estudios intensos de los Hermanos que iban a la Universidad, monotonía
del reglamento, y trabajo silencioso para los Hermanos Coadjutores.
Previendo las labores del Hno. Alfonso, el P Félix le escribió
una carta el 7 de noviembre, llena de cariño paternal y que
iba a ser como la norma de su conducta durante su estancia en la Ciudad
Eterna:
Si, si, que Jesús lo bendiga y me lo haga muy Santo. Su papel
es el de la Santísima Virgen y el de San José en Nazareth,
cuidando a Jesús porque los 'Misioneros Sacerdotes' deben ser
otros Jesús. Imite, pues, a María y a José!
Que hermoso ideal, cada mañana, al despertar: Hoy voy a reproducir
en mi alma, en mi voluntad, el alma santísima y la voluntad
de María!
Veo todos sus buenos propósitos y suplico a Nuestro Señor
le ayude a guardarlos fielmente; así es como llegar en poco
tiempo a la perfección, a la unión con Dios. Así
nada le va a costar, o si le cuesta, todo se le hará fácil,
porque todo lo hará con fe viva, y la fe quita obstáculos
y aun 'transporta las montañas.'
Esta labor de santificación la realizo Alfonso en Roma de noviembre
de 1926 a noviembre de 1934, 8 años de alegría y trabajos,
8 años en que Alfonso se santifico en esa tierra de mártires
y de santos. "A Roma lo mandaron a trabajar... Visito los museos
pero... su mundo fueron los trastos, el piso de la casa y los mercados
donde vendían más barato."
Los cargos que tuvo allí fueron una imitación de lo
que hizo la Virgen María y San José con Jesús
en Nazareth: ropería, aseo de la casa, cocina, viajes para
preparar las casas de vacaciones, visitas a los monumentos romanos
e ir a ver, siempre que era posible, al Santo Padre para recibir su
Bendición Apostólica.
El Hno. Alfonso hacia las compras en Campo dei Fiori; es el mercado
mas cercano a la casa, que aun ahora se establece por las mañanas
temprano; al atardecer desaparece todo, y queda todo limpio, como
los «mercados sobre ruedas» en la ciudad de México.
Alfonso no habla todavía bien el italiano, pero se da a entender.
Se preocupa por comprar cosas útiles, en buen estado, pero
al justo precio.
A las generaciones siguientes de Misioneros del Espíritu Santo
hasta el presente, cuando cruzamos por Campo dei Fiori, se nos viene
a la mente, casi sin quererlo, la figura del Hno. Alfonso.
En todas partes hay mendigos y estos, en Roma, al ver la bondad del
Hermano le pedían limosna, y i.e. se las daba siempre con generosidad.
El P Félix Ma. Álvarez fue uno de los fundadores de
la Casa de Roma, compañero del Hno. Alfonso, y nos dice:
En sus largos y repetidos períodos de cocinero,
ropero, despensero, atendía esmeradamente y en forma eficaz
y constante a la Comunidad, y de modo especial a los Padres o estudiantes
que por su salud deficiente necesitaban dietas o cuidados especiales,
y era de ver el buen modo y liberalidad con que prestaba tales servicios.
Confieso que yo le di en ocasiones bastante que hacer; por ejemplo,
cuando estuve sujeto a un régimen de pura fruta el Hermano
preparaba con cuidado, día tras día, jugos exquisitos,
frutas muy en su punto, nueces preparadas en miel de abeja, etc.,
como si quisiera aplicar literalmente lo dicho por nuestro Dr. lbarrola
de que con pura fruta puede vivir el hombre con tal de que se compre
por cajones, dada la mucha agua que contiene. Se vela que el Hno.
se gozaba en la abundancia de los demás y que estaban muy
lejos de él los sentimientos de una envidia ruin.
No únicamente atendía bien en la cocina a los Padres,
sino también a los estudiantes: se preocupaba por su salud,
sobre todo cuando los vela un poco desmejorados debido a la intensidad
de los estudios. En una ocasión, preocupado por el visible
cansancio de los Hermanos "llego llorando a pedir al P Superior
que lo autorizara a preparar carne para la Comunidad en viernes de
cuaresma, porque en general estaban todos de muy mal comer y ya se
acercaban los exámenes de fin de año escolar”.
Todos los Misioneros del Espíritu Santo que pasaron por Roma
de 1926 a 1934 recuerdan la sabrosa comida, a veces al estilo mexicano,
otras de cocina italiana, y otras de una mezcla culinaria muy especial
pero sabrosa y nutritiva que les preparaba el Hno. Alfonso.
No había pasado todavía un año de su estancia
en Roma cuando la inesperada noticia del martirio de su hermano Leonardo
en León, Gto., lo conmovió profundamente: el 25 de abril
de 1927, juntamente con el P Andrés Sol, C.M.F de los Hijos
del Inmaculado Corazón de María y el P Trinidad Rangel
del Clero Diocesano, fueron martirizados "porque eran sacerdotes",
titulo glorioso de martirio con que muchos sacerdotes murieron en
México al grito de «Viva Cristo Rey».
-"Pero es que yo no soy sacerdote", decía Leonardo
Pérez, a sus captores; -"Pues si no lo es si lo parece",
le respondieron. Así se cubrió de gloria ese mártir
mexicano cuya causa de beatificación esta abierta y a la que
Alfonso contribuyo años después yendo varias veces a
rendir su testimonio a la ciudad de León, Gto.
La noticia del martirio le llego a Alfonso el 17 de mayo de 1927.
Al día siguiente escribe a su hermana Refugio pidiéndole
datos acerca del acontecimiento:
Ayer por la noche tuve noticia de nuestro hermano: Dios Nuestro Señor,
por su infinita misericordia, lo escogió como victima en favor
de su Iglesia. Que puedo deciros si no tengo noticias del suceso.
Con ansias espero datos; cuéntenme todo, pues que nada me quita
mi tranquilidad; cierto que no puedo negar mi dolor, pero si espero
que nuestro hermano goza en el cielo en el coro de los mártires:
¡que dichoso! ¡quien fuera el!
Hermanos míos, ya que Dios tal vez no nos tiene en el numero
de esos mártires, seamos de los mártires cuya sangre
es derramada en el silencio, acogiendo todas las penas de buen grado
con toda resignación ¿que por ventura no hay penas que
destrozan el corazón? Esas son las que nos hacen decir: 'Señor,
bendito seas, hágase tu santa Voluntad'. ¿Que es esta
vida? No es nada; lo que ahora es, mañana no es; solo queda
lo que se hizo por Dios, por su amor.
No se hicieron esperar las noticias, y Alfonso contesto
a sus hermanas una carta en la que les habla hermosamente sobre el
cielo:
El pensamiento
del cielo nos debe de animar. Decir así: el Cielo es mi patria,
el Cielo es donde jamás podré dejar de alabar al Dios
tres veces Santo, en el Cielo todos estaremos juntos y ya no nos volveremos
a separar (...).
Cuan dichoso es nuestro hermano, no temamos nada, que el intercederá
por nosotros y ¡como no! ¿por ventura en este mundo no
nos amo con todo su corazón?... Por eso Dios lo escogió
dándole la corona del martirio.
Yo, como les decía en mi anterior, lo sentí, pues al
fin tiene uno corazón de tierra, pero si doy gracias a Dios
que le haya concedido gracia tan grande, porque para el martirio Dios
escoge almas generosas.
El P Félix por su parte, viendo la situación de la familia
Pérez, se preocupo por ayudarles: Alfonso nunca se lo pidió
en sus cartas directamente, solo le exponía la realidad económica
que había surgido entre los suyos por la falta de Leonardo.
Esta ayuda que inicio el P. Félix en circunstancias tan dolorosas,
fue continuada por sus sucesores en el gobierno de la Congregación
y en las Casas locales donde estuvo Alfonso: después de la
muerte de ese el P. Luis Cervantes, ultimo Superior Local de Alfonso,
continuo imitando el ejemplo del P. Félix. "Leonardo,
desde el cielo vela sobre todos" le decía el P Félix
a Alfonso el 16 de octubre de 1927.
Cuando se llegaban las vacaciones de la Comunidad de Roma, el Hno.
Alfonso iba a preparar lo necesario para que los estudiantes descansaran
merecidamente de sus labores intelectuales. El P Félix María
Álvarez recuerda:
En Roma, por ejemplo,
iba siempre con gusto y visible prontitud de animo a preparar anualmente
la Casa de Vacaciones -alojamientos, cocina, provisiones- aunque en
el disfrute le tocara a el la parte menor, pues en estas ocasiones
es cuando los hermanos coadjutores suelen tener un trabajo mayor y
mas pesado.
Este era el ritmo
de vida de la Casa de Roma cada año, y Alfonso iba a las vacaciones,
duraba un tiempo allá y pedía permiso para regresar
otra vez a Roma y preparar la llegada de los estudiantes vacacionistas,
limpiar la casa, adornarla para presentarla amable a los ojos de todos;
esto lo hacia con grande alegría, amor a la Virgen María
y a sus hermanos. Unía la preparación de la casa con
su devoción a la Santísima Virgen para festejarla así
los días 8 de septiembre en que la Iglesia celebra la festividad
del nacimiento de la Virgen María.
|