CAPITULO X

Hno. Alfonso Pérez Larios - Biografía
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ROMA

La persecución religiosa mexicana, como es sabido, tuvo su crisis mayor en los años 1926 a 1929. El P Félix, para lograr la mejor formación espiritual, religiosa y teológica de sus hijos, hizo un viaje a Roma en 1926 a fin de establecer una Casa de Estudios en la Ciudad Eterna. Pensó mucho en el personal que debía enviar, uno de los escogidos fue el Hno. Alfonso Pérez para que acompañara al grupo de estudiantes y desempeñara los servicios indispensables que se requerirían en esa Casa. Por eso el 12 de julio de 1926, desde Asís, le consulta al Hermano si le gustaría ir a Roma: " ¿Se prepara para el gran viaje? ¿Le gusta venir a vivir en esta tierra de santos y de mártires? Yo espero que para todos los 12 que vienen (a Roma) será punto de partida para mayor santidad. "

La noticia de la fundación y los nombres de los primeros candidatos para ir a Roma corrieron de boca en boca entre todos los miembros de la Congregación. Por fin se llego el día de la partida a Roma. Vamos a dejar hablar al mismo Hno. Alfonso que en forma sencilla, y diríamos casi ingenua, le narra su viaje a Roma a su hermano Leonardo con detalles que para nosotros, a fines de este siglo, nos parecen sin importancia:

 

El 10 de octubre a las 3:30 de la mañana nos levantamos para oír la Santa Misa, que fue a las 4:00; esto fue en la Capilla de la Escuela Apostólica, pues desde el día 3 salimos todos los profesos de la Casa del Noviciado. Así pues, a las 5:00 nos desayunamos; ya esperaba un camión en la puerta para salir a tomar el tren que nos llevaría a Veracruz.

A las 7:15 salio el tren de la estación de la Villa de Guadalupe, en el que iba mucha gente, pero poco a poco se fue desocupando. El camino de México a Veracruz es muy pintoresco, mis recuerdos para ustedes no pasaban, pues los tengo siempre presentes; a las 7:00 de la noche llegamos a Veracruz; ya estaba nuestro amado Padre Félix, que había desembarcado el día anterior; estaba en una casa particular; unas Madres Josefinas nos dieron la asistencia los días que pasamos allí. después de haber saludado a Nuestro Padre nos dieron de cenar, hacia un calor muy fuerte y así pasamos los días 11, 12 y 13 hasta medio día, que salio el buque. Los que íbamos a Roma fuimos 10 (3 Padres, 5 Hermanos Estudiantes y 2 Hermanos Coadjutores).

 

El día 11 estuvimos arreglando nuestros pasaportes en las oficinas de migración, y no fue posible terminar por tener que sacar más fotografías; y el día 12 a las 12:00 del día ya por fin estaba todo arreglado. Yo, por la tarde, fui para la aduana a que subieran todas las petacas, y cuando por primera vez subí a un buque, que se siente una impresión rara, una cosa como que no se cree; ya reconocí mi camarote; salí y fui a la casa, rezamos el rosario todos juntos y después cenamos y a dormir, última noche que pasábamos en tierra mexicana.
El día 13 nos levantamos como de costumbre; los Padres dijeron sus Misas, después desayuno y preparar para irnos a embarcar, que lo teníamos que hacer a las 10:00 de la mañana; así que salimos de la casa a esa hora. Subimos al gran buque; después nos pusimos en el puente para despedirnos por última vez de México.

Poco tiempo después llamaron a comer; al comenzar a moverse el buque, es decir, al desanclar, es muy lento, poco a poco, pues por el tamaño no es fácil que luego corra como un auto; pero a poco tiempo si se siente la velocidad; después de comer volvimos al puente de arriba. ¡Oh, que hermoso! el agua toma el color del cielo de tal suerte que en el puerto el color del agua es verde y así es toda el agua del mar; y luego que sale, y si el cielo esta limpio, se ve azul, pero no un azul conocido; es un azul hermosísimo.

Ya por terminar la tarde todos los Padres y mis hermanos nos fuimos a ver la puesta del sol por la popa del buque, es decir, por detrás; toda la tarde fue de contemplar la grandeza de Dios y la hermosura del mar; luego fue la cena, que eran las 7:00; después de cenar volvimos al puente y en la parte de popa, pero en el segundo puente, rezamos el rosario; como íbamos solos en esa parte, cantaron los misterios y la letanía; luego a dormir; el mar muy tranquilo, dormí bien. El ruido del vapor y del agua hacen una impresión que no puede uno menos de pensar en Dios.

Al día siguiente, a las 5:30, me levante, fui al salón para ayudar la Misa que dijo el R.P. Félix María Álvarez, M.Sp.S. y luego dijeron los otros Padres; todo el día fue lo mismo que el anterior.

El día 15, ya como a las 11:00, empezamos a ver tierra, pues ya llegábamos a la Habana; después de comer salimos, y a poco vimos el puerto. Como a las 3:00 llegamos, pero como tardan algo para anclar, no pudimos salir sino hasta después de las cuatro. Allí esta un Padre de los nuestros (el P Manuel Serra, M.Sp.S.) y nos esperaba. Bajamos, tomamos una lancha para salir a la ciudad, allí tomamos un auto, nos llevo por todo lo principal: tiene bonitos paseos y grandes. El recorrido duro como dos horas y por fin llegamos a la Parroquia donde vive el P Serra, y a la casa anexa; nos dio de cenar y volvimos al buque para dormir.

El día 16, por la mañana Misa, pues todos los días la decían los tres padres uno después de otro. Todo el día lo pasamos en el puerto hasta las 5:00 de la tarde, en que debía salir el buque. No fue fastidioso, porque como es puerto de movimiento, se divierte uno viendo salir barcos mercantes, lanchas, buques. A las 5:00 salimos de la Habana, en el momento en que llovía fuerte; por lo pronto no se vela nada; después si vimos los edificios y parques que hermosean a la ciudad. Luego, a poco, entramos en el canal de la Florida, y desde luego se sintió el movimiento del buque más fuerte.

Hoy, domingo 17, la Misa del R. Edmundo Iturbide, M.Sp.S. a las 9:00, a la que asistían la mayoría de los pasajeros. La orquesta que iba en el buque estuvo tocando a la hora de la Misa, después ya me sentí un poco
mal: ese movimiento no muy agradable, pero no fue cosa.

Ya después de unos tres días, estuve bien el martes. El jueves eran como las tres de la tarde, el buque se movía mucho, yo estaba en el puente viendo como, a pesar de tener el buque tanto peso por la carga, y en si, el mismo buque de 15,000 toneladas, jugaban las olas con él, pues de la parte de adelante se inclinaba como 7 metros, y el agua de las olas bañaba la cubierta; se sentía como si se meciera en un columpio, y es un poco imponente, pues parece que se va a hundir; y luego se piensa que fuera de todos si Dios nos abandonara, y a pesar de todo, esa fe alienta y da tranquilidad; el agua da algunos matices con la luz y la espuma de las olas que pegan por los costados del buque; es un ruido constante el de las olas y buque; ya los demás días pasaron bien.

El día 26 por la noche llegamos a la Coruña; serian como las 11:00. Yo desperté y se veían las luces del puerto y de la ciudad muy bien: las vela desde mi camarote: la orquesta del buque tocaba sobre la cubierta, y el primer pensamiento fue para México, mi Patria, e hice una suplica por todos los seres queridos.

El 27 de octubre amaneció muy nublado, fui, como de costumbre, al salón donde decían las Misas, ayude una y oí las otras dos. No bajamos porque a las 10:00 salía para Santander para llegar ese mismo día por la noche. El día 28 llegamos a Santander; lo primero que me pareció fue como un nacimiento; pues las casas son de 3 y 5 pisos; las puertas y las ventanas no son muy grandes, y como esta entre unas lomas se ve bien y por eso se veía como casas de nacimiento.

 

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