SE VA EL
AÑO ENTRE CANTARES
El año 1936 se esfuma en, mis recuerdos. Fin de cursos, exámenes...
Sobrevive en mi memoria el encuentro con la armonía, la perfección,
la majestad de aquellos dos corales de Bach, que se ensayaron para
la fiesta de premios: "A Ti, Jehová" y el suplicante
"Ven, dulce muerte", con letra adaptada a Cristo Rey.
Pegado a la puerta del cuarto donde se ensayaba, me dejaba asombrar
de aquella música: había descubierto a Bach, el que
siempre asombra.. .
A decir verdad, pocos frutos recogí aquel año en lo
que a estudios y comportamiento se refiere. Pero había un fruto
esencial: el Padre Félix escalaba la cumbre de su vida y un
muchacho de doce años reemprendía la ascensión
tras sus huellas.
EN TORNO
AL PADRE
Un recuerdo más se salva en mi memoria, vivo, calido luminoso.
Es el 20 de Noviembre. Celebramos el onomástico de Nuestro
Padre. De todos los rincones acudimos a un punto de reunión:
la huerta "Catipoato", una de esas enormes y paradisíacas
huertas de 'Tlalpan. Ahí está Nuestro Padre: lo felicitaremos
y comeremos todos juntos con el.
Nos damos cuenta de que la familia es ya considerablemente numerosa.
No cabemos en un solo salón. En habitaciones contiguas de la
casa nos instalamos como podemos y tomamos nuestros alimentos en medio
de una alegría más bien intima que aparatosa. Somos
felices, porque estamos todos reunidos y a todos nos cobija la presencia
de Nuestro Padre.
Somos, en verdad, como el quería, una familia.